martes, 26 de febrero de 2013

Una familia que se pasa la bocha

Entrevista a la flia. Ripoll, una familia que hace alrededor de 15 años era especial porque todos los miembros jugaban al hockey en el club. Hoy sigue vigente, con la particularidad de que padre e hijo comparten camiseta y equipo en la Primera de Caballeros.
"Una familia que se pasa la bocha", de generación en generación.

























Un club es, antes que nada, una institución en la que los “socios” concurren para hacer deporte, socializar, etc. Este club, en particular, se caracteriza por su aspecto familiar, no sólo porque es la segunda casa de muchos, sino además porque ha sido la causa de que muchas parejas, matrimonios y familias nacieran en sus claustros. Los Ripoll son uno de ellos.

Santiago, Francisco, Rubén y Bettina.
Una familia que despliega puro hockey en el Athletic.
Rubén y Bettina se conocen, enamoran y continúan su historia desde este club, motivo de unión y, más adelante, casa de amigos, hockey y vida social; no sólo para ellos, sino también para sus hijos: Santiago, Nacho y Francisco. Aunque el del medio haya colgado el palo hace algunos años, Santi y Fran juegan y son de las caras más vistas en el club, como sus papás.

La historia comienza porque Bettina venía de chiquita a la pileta con su familia, a los pocos años agarra el palo y comienza a venir en invierno a entrenar. Los años pasan, Rubén con un grupo de sanjuaninos llegan al club y refuerzan el equipo de Caballeros de Primera que estaba pasando por un momento desolador por la partida de muchos jugadores del Athletic a otro club. Venir todos los días, entrenar, viajar juntos a los Seven por el país, terceros tiempos… en fin, el amor comienza a aparecer y, como muchos que al leer esto se sentirán identificados, la “bocha empieza a correr” para esta pareja que con los años decide casarse y tener familia. Aunque quizás sin planear que sería una familia tan rojinegra. Bettina, con una sonrisa en la cara cuenta, “nosotros no nos proyectábamos de esta manera, se fue dando de manera natural. Después de tantos años, hoy pensaba, se hace difícil, no tenés ganas de venir a entrenar; pero mientras lo pienso, mecánicamente agarro el palo y me subo al auto”.

Santi jugaba de chico, después cambia palo por pelota y con su hermano empiezan a jugar al fútbol, pero con los años llega el cansancio y la rutina, con las ganas de darle una nueva oportunidad al hockey. Rubén, que también había dejado, se inspira a volver con su hijo y Fran sigue los pasos de sus grandes ejemplos y le da una oportunidad al hockey.

Entre las leonas hay dos hermanas jugando, en Nueva Zelanda también, no es tan raro. Sí, en cambio, es muy especial ver un equipo en el que juegan padre e hijo. Rubén admite “es raro y muy lindo. Se comparten muchas cosas: entrenamientos, viajes, concentraciones; hasta que en algún momento pasa a ser un compañero más. Pero tiene un plus especial poder festejar los goles con él. La gente te lo hace notar, porque es algo que muchos desearían poder hacer”. Cuentan entre risas que cuando Santiago tiene que pedir el cambio a su papá, curiosamente lo llama por su nombre, porque no le “sale decirle papá en la cancha”; aunque Rubén admite que, cada tanto, se le escapa un “hijo” para pedir cambio o dar alguna indicación.

La flia. Ripoll aporta su buena cuota de hockey al Córdoba Athletic porque con los años, fue agregando nuevos jugadores. Francisco, con diez años de edad, juega con los Infantiles del club. Todos sus compañeros son más grandes y eso parece gustarle, porque está acostumbrado a rodearse con gente más grande que él, desde en su casa hasta en el club. Fran es de esos que se la pasan horas en el club, tirando la bocha al arco, solo o con amigos, mientras su mamá o papá entrenan. Él no sabe qué va a ser cuando sea grande, porque le “faltan muchos años para ser grande”, pero que le gustaría ser jugador de hockey, como su ídolo, Willy Schickendantz. Quién sabe, quizás en algunos años les volvamos a hacer una nota, si Rubén sigue en la Primera y Fran continúa jugando. Santi dice “no sé mi papá, pero nosotros dos vamos a jugar juntos seguro”.

Pero las horas de club no son sólo por el hockey. Hay mucho más. “El club nos ha dado un montón de cosas, más que nada amistades. Los amigos que tenemos son los matrimonios que jugaban o juegan al hockey, son nuestros mejores amigos, nos vemos adentro y fuera del club”, dice Rubén. Bettina aporta que “físicamente no venimos más al club porque vivimos lejos, venimos más de lo que sería lógico, pero tenemos nuestros amigos acá. No es sólo el hockey, porque si no iríamos a un club más cerca de casa. Es el hockey acá. Porque en mi caso, lo practico con mis amigas de toda la vida, mis hermanas de la vida que son el grupo que siguen jugando”. Santi agrega “va más alla del deporte. El hockey a ellos los trajo acá, pero ahora cambió, lo que los motiva actualmente son el grupo de amigos, las ganas de compartir, ya sea por entrenar una hora, dos o 5 minutos”.

Mayor y menor. Padre e hijo. Rubén y Fran practicando.
Algo que ellos, después de tantos años de jugar, competir y, por lo tanto,  ver la dinámica de los otros clubes; encuentran que en esta institución, hay ciertos valores que ellos afirman, no se encuentran en todos lados. “Acá adentro de la cancha te podés decir un montón de cosas, pero después, se terminó. No queda un desgaste o disgusto. El compañerismo que hay entre todos, damas, caballeros, etc. no pasa en todos los clubes. La unión que hay acá no la hay en otros clubes. El grupo de personas. Conociendo los demás, por ahí son amigos dos o tres. Acá todos son “uno mas”, todo se puede hablar, somos todos muy unidos. Aunque en el grupo haya chicos de 16, 17 años, viajan con nosotros y son uno más del plantel y todos somos iguales. Y así ellos van aprendiendo estas cosas que son fundamentales”. Bettina explica que “es diferente porque es un club de barrio, donde toda la gente del club se conoce, con el de tenis, rugby, te tomas un mate en la pileta, te cruzás, etc. Se debe haber dicho mil veces, pero es verdad, es como una gran familia. Pero es diferente. No es un club inmenso donde todos los días vez a quinientas personas distintas o venís a jugar un deporte en particular y listo. No se termina en el hockey. Creo que eso después se transmite dentro de la cancha. La que juega al lado mío no me es indiferente, no es una extraña que hoy esta acá y mañana en otro club. Es muy raro que la gente que viene, se vaya”. De hecho, en palabras de Santi, “no conozco a nadie que se vaya porque no se sienta cómodo, porque no le guste el grupo o sienta que es “de otro lado” en la cancha. Al contrario, el grupo te va atrayendo a que te quieras quedar y seas parte de esa gran familia”.

La entrevista concluye con las palabras de Fran, porque después de la gran hazaña del subcampeonato en 2012, le preguntamos cuál era el objetivo para este año, muy seguro contestó “este año hay que tratar de salir campeón, ganar a toda costa. Si ganamos, buenísimo; si perdemos lo intentamos y si empatamos, no importa, la próxima vamos a ganar”. Un cebollita de familia. Fran, con Nacho, Santi, Rubén y Bettina son una familia del hockey, una familia Roja y Negra.

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